IN MEMORIAM

27-Nov-2016

 

Hoy es uno de esos días en los que a uno le cuesta encontrar las palabras idóneas para expresar lo que se le pasa por la cabeza a uno cuando se entera de manera, casi fortuita, del fallecimiento de un paciente tuyo, ¡qué digo de un amigo de lucha, de trabajo y de esfuerzo!

 

Eso me sucedió el viernes pasado, cuando casi por casualidad pasé cerca de un hospital, entré a saludar a mis amigas y compañeras, como hacía tiempo que no hacía, y allí estaba esa noticia, que de manera inesperada, me comunicó un rostro lleno de emoción y que me sobrecogió el corazón y que jamás olvidaré; no hicieron falta palabras, ya que con su reacción de emoción al verme (habíamos compartido momentos de algunas sesiones de tratamiento juntos a él y nos conocíamos por él), no hizo falta que hablara. Todo el silencio que habló, me hizo entender que había fallecido.

 

Quizá también sentí tristeza por no haber podido dar un último abrazo, como me hubiera gustado, pero eso ahora no es lo importante, sino hacerle mi pequeño recordatorio a P.L.M.

 

Fueron muchas horas que pasamos juntos, durante muchos años; muchas horas de marcarnos objetivos de tratamiento juntos, muchas horas de comprendernos mútuamente y de comprender lo que las manos decían y lo que una persona atenta a su cuerpo y sus reacciones, conseguía realizar.

 

Para mí y para otros muchos pacientes con los que ha coincidido en cursos, master y al cruzarse en la consulta ha sido un ejemplo de constancia, trabajo y tesón.

Yo he escuchado frases como: "de mayor quiero ser como tú" entre sonrisas entre ellos, porque no se rendía y luchaba, queriendo mejorar siempre.

 

Cuantas repeticiones hemos realizado para darle más tono a ese cuádriceps, e incluso con fatiga, forzaba un poquito para hacer siempre alguna "de regalo", como decía él.

Cuantas facilitaciones de la marcha, que repetíamos hasta que le salía bien la ida, la vuelta y el giro.

Cuantos esfuerzos para subir escaleras de uno en uno y bajarlas, claro.

Cuantas preparaciones para poder subir al coche, bajar, poder estar de pie en una velada con sus amigos, degustando cerveza, que le encantaba o para poder ver su tan amado cine.

Cuantas horas de trabajo dedicadas a la mejora de la estabilidad de la escápula para mejorar su manera de andar, su apoyo del pie, su oscilación de la pierna o mejorar con ella el manejo de su mano, para hacerle posible poder teclear en el ordenador y escribir. 

 

¡Me alegro mucho que pudiera publicar un libro con su obra literaria!, que me constaba que era uno de sus profundos deseos (ser escritor) y vaya si lo ha sido.

 

Hemos compartido momentos muy especiales, como el paso de venir acompañado a venir solo en su propio coche, el irse a vivir a su casa, los grandes logros de nuestro equipo de fútbol, donde ha salido muchas veces en la conversación ese gran Raúl, y ¡cómo no la grandiosa camiseta de Fernando Redondo! y en las últimas fechas, incluso los mensajes cruzados con Butragueño, jeje. Era una risa... sin olvidar su amado baloncesto, con sus Celtics del mítico Larry Bird, que ahora estaban de capa caída.

 

Puedo decir sin tapujos, que él me ha enseñado a ser mejor profesional, porque no podía permitirme el lujo de no dar la talla ante las exigencias que él me planteaba (y quién le ha conocido dentro de una sala de fisioterapia, puede compartir mi opinión) ya que era exigente y había que hilar muy fino el tratamiento y explicarle, como tengo costumbre siempre, para qué se realizaba cada maniobra.


Como anécdota, recuerdo como si fuera ayer, cuando me preguntaba nombres de músculos, para después decírselos a los alumnos del máster, cuando venía como voluntario para las demostraciones del tratamiento o a ser tratado por ellos.

 

Por este hecho también quiero mostrar mi agradecimiento, porque siempre que su salud se lo permitió estuvo dispuesto a que otros aprendieran a tratar mejor, a enseñarles lo que él sabía y a orientar cómo hacer mejor su trabajo y claro está recibir el asesoramiento de todos los profesores que le han conocido, que han sido unos cuantos. ¡Gracias de corazón!

 

Podría estar mucho más tiempo contando cosas de P. y no me cansaría. Sólo digo que aquello que nos ha enseñado, que me ha enseñado a lo largo de todos estos años, es a luchar y a querer a los suyos, porque los quería con locura (disfrutaba como un enano seleccionando regalos para todos ellos) y que siempre ha sido "un señor", incluso llamando a una paciente con la que casi siempre se cruzaba "Doña Pilar", al mismo tiempo que ella le suministraba caramelos, que me consta que más de uno disfrutaban en su coche, jeje.

 

Podría definir mi relación con él como un verdadero regalo, porque siempre es un regalo de Dios compartir momentos de personas, y más aún con buenas personas como él.

 

Gracias, gracias y gracias.

D.E.P.

Yo rezo por tu descanso eterno, amigo y se me llenan los ojos de lágrimas por tu pérdida en este mundo.

 

Dr. Juan Carlos Bonito.

 

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